Querida yo joven:
Respira… sí, respira. No todo es tan urgente como crees. La mayoría de las cosas que hoy te quitan el sueño, en unos años ni las vas a recordar (y las que sí, te van a dar risa). Especialmente la del jovencito de la moto. No es tan importante como hoy sientes.
No trates de agradarle a todo el mundo. Spoiler alert: no se puede. Y además, cansa muchísimo. Sé amable, pero no te olvides de ti en el proceso.
Aprende a amarte y, sobre todo, a valorarte tú misma. Vales oro, chiquita, y un día lo verás y, sobre todo, lo vas a sentir. Yo sé que en este momento te ves como una chica fea, flaca y tonta; nada más lejos de la verdad.
Cuida tu mente como cuidas tu celular: cuando algo no funciona, reinicia, apaga, descansa. Dormir también es productividad, aunque nadie lo diga en voz alta.
Confía más en tu intuición. Esa vocecita interna casi siempre tenía razón… y cuando no, igual aprendiste algo. Esa vocecita puede ver y sentir cosas que tú no puedes ver.
Ah, y disfruta más el momento. Menos “¿qué va a pasar?” y más “qué bonito es ahora”.
Yo sé que la frase “Juventud, divino tesoro” no tiene importancia ahora, pero créeme: esa frase es una realidad importante.
La vida no es perfecta, pero sí puede ser consciente, divertida y tuya.
Recuerda, Delia María: la juventud es para equivocarse, no para ser perfecta.
Con cariño,
Tu yo más sabia… y con menos prisa ☕✨
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